Nos llegan noticias reveladores, de la mano de
Corey Goode y David Wilcock, quienes han desvelado las declaraciones del
ex-almirante de la marina , quién asegura que nuestro sistema
solar está plagado de naves-planetoide que albergan miles de seres
extraterrestres de varias razas. Al parecer, estaría a punto de desatarse una
especie de guerra inter-galáctica debido al infame avance de los
"Dracos" que controlan nuestro planeta...
Salomón bien podría haber pasado a la Historia
como "el Rey de los viajes". Según los textos antiguos, el enigmático
monarca de Israel era capaz de cubrir enormes distancias en periodos de tiempo
impensables para la época. De esta forma, visitaba cada mes a su amada Makeda,
Reina de Saba, y empleaba en el trayecto tan sólo medio día. Pero claro, jugaba
con ventaja. Su sabiduría le había hecho detentor de secretos tecnológicos que
utilizaba con la ayuda de unos pequeños genios llamados "djins". ¿Qué
misteriosos conocimientos poseía Salomón para llevar a cabo tales hazañas? Y lo
que es más importante: ¿De dónde los extrajo?
Si indagamos un poco, descubriremos que Salomón (996 a.C. - 926 a.C.) era hijo
del Rey David y de Betsabé, y que llegó a ser uno de los monarcas más ricos,
poderosos y sabios de su época gracias a muchas de sus virtudes, entre ellas
las de organizar el Estado de Israel en 12 provincias, crear un poderoso
ejército equipado con numerosos carros de combate, y construir, por supuesto,
el soberbio Templo de Jerusalén. También se le atribuye una de las mejores
flotas marinas del mundo, cuyo puerto estaba situado en Ezion-Gueber, cerca de
Elat. Sus barcos los erigían los hebreos, pero, curiosamente, los tripulaban
los fenicios, que eran mejores navegantes. El oro entraba a raudales y lo
buscaban en un lejano y fabuloso país llamado Parvaim (o Paruim).
Pero si conocida es su flota marina, no lo es tanto su presunta Flota Aérea.
Mejor dicho, es prácticamente ignorada. La Tradición hace referencia a que el
Rey Salomón (Suleimán para los árabes) poseía la capacidad de trasladarse por
los aires en "aparatos voladores", y esta información, aunque parezca
mentira, procede, directa o indirectamente, de al menos tres textos religiosos:
el Corán, el Kebra Negast y el Targum.